DÍA DEL PERIODISTA – 7 DE JUNIO

Crear, criar, creer

Por Pablo Ramos | Periodista | Docente

 “Se produce para desatar. El productor como guerrero apropia su destino: transforma la tierra. Tensa la flecha que primero, como tradición, apunta sobre sí mismo. El arquero que no tira inicialmente sobre su corazón, no puede atribuirse el intento de señalar el cielo, o un bosque. La misión del flechazo es liberar. Trabajar el nudito mayor que ejerce de estaca: hacer crecer la sed.” Gastón Motells

“Toda actividad artística depende mucho del sostenimiento de un pensamiento solidario.Quien no desarrolla un pensamiento político ideológico corre el peligro de banalizar su búsqueda y de extraviar el camino de la investigación, no sólo temática sino formal…en realidad, toda búsqueda formal implica un proceso de actualización ideológica. Cuando no aparece ligada a una visión real y social, se agota. Termina siendo decoración o pasatiempo. Carece de trascendencia. La ruptura de las formas que es en sí misma un hecho revolucionario, tiene su correlato en una realidad rota que, creo, debe retratarse y necesita además ser profundizada. Si uno rompe las formas por pura diversión, corre el riesgo de meterse en una modernosidad ligth, apenas ilustrativa. Pierde así sentido, deja de ser una potente máquina de multiplicación poética de los social.” Pompeyo Audivert

Producir es crear. En la radio, es transformar nuestras ideas en sonido; y el que produce primero se crea a sí mismo, cuestiona lo que es para acercarse a lo que quiere ser. Es la intención, la política y el deseo convertidos en acción.
Crear es producir desde lo viejo, lo nuevo.
Creer para crear, desde la coherencia, la incertidumbre, el instinto y la razón.
Criar, hacer/engendrar/signos sonoros/consecuencias. Continuar un proceso, un tiempo en que la obra inconclusa se va completando en sus apropiadores, otros criadores/creadores que la hacen crecer.
¿Cómo hacemos radio? La hacemos todo el tiempo. La radio es construcción cotidiana. Práctica que se rehace día a día, noche a noche, sonido a sonido, palabra tras palabra.
La radio cuenta el mundo que vivimos y desea el mundo que queremos. Hacemos sonar al mundo. Con una gramática, un vocabulario, una sintaxis. El mundo suena porque duele. Y el mundo suena porque cambia. Y no hay sonido más perturbador y alegre que el de la revolución. Sonido que pone en crisis el mundo instituido, lo cuestiona, lo interpela, pregunta: ¿por qué no?
La radio que altera lo naturalizado, por vivido, por ignorancia, por violencia.
La radio que alterna lo único, lo homogeneizado, pasteurizado, hegemonizado.
La radio que sensualiza la comunicación, le pone el cuerpo, construye sentidos desde el sentimiento.
La radio que amplifica y conecta las voces de los excluidos, silenciados, olvidados y marginados.
La radio que visibiliza nuevos procesos y actores.
La radio que trasciende el aparato receptor.
La radio que se viste para agradar, pero que no se agota en su vestido.
La radio que sensibiliza, que ríe, que festeja.
La radio con furia, impaciente, que grita y muerde.
Deseamos la radio. Y aquí estamos. No hay genio, ni lámpara de aladino. No hay oráculo. Los mapas se dibujan a medida que avanzamos. El collage se construye haciendo sonar las partes del mundo. Interviniendo. Innovando. Gestionando. Creando.
¿cómo conectamos los deseos de productores y oyentes?
¿producir para qué, para quién? Las respuestas siguen soplando en el viento de la hitoria. Y hacia allí vamos…

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